El inútil de la familia

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El oficio de escribir narrativa de ficción, que no es otra cosa que contar la realidad de forma novelada, siempre ha estado muy mal visto porque sólo da para comer bien a unos pocos.

En cambio los que triunfan después de haberla espichado no tienen problemas con Hacienda y, con suerte, sus deudos reciben los beneficios de las historias que escribieron en cien horas de soledad. Por eso la gente sensata desaconseja a sus hijos que se dediquen a un oficio tan incierto.

Eso le sucedió a Jorge Edwards, al que su padre le pidió fervientemente que fuese abogado durante la semana y escritor los sábados y domingos, pero el chileno no le obedeció y, con los años, recibió el premio nacional de Literatura v el Cervantes, entre otros muchos reconocimientos literarios.

Edwards, en recuerdo a un tío suyo que se atrevió a ser escribidor en una familia de posibles, publicó la novela ‘El inútil de la familia’ en la que reflejaba el desprecio con el que eran tratados, en ciertos ambientes adinerados, los que optaban por contar historias en vez de contar billetes.

Este escritor chileno, que lleva en la piel de su conciencia los trágicos recuerdos del golpe de estado de 1973, conoció y trabajó como diplomático para el Presidente Salvador Allende y padeció a Fidel Castro y a Augusto Pinochet, que en el fondo se parecían mucho porque los dictadores son primos hermanos, y los extremos siempre se tocan.

Edwards jamás vendió su alma al diablo del miedo o las conveniencias, y por eso duró solo tres meses como embajador en la Habana, donde fue declarado “persona non grata”, experiencia que le sirvió para escribir una novela con ese mismo título, vetada tanto en su propio país como en Cuba.

Como disculpa o recompensa, fue nombrado encargado de negocios de Chile en París a las órdenes de Pablo Neruda, pero aquello duró poco porque el general de gafas oscuras decidió que había llegado la hora acabar con las libertades, para perseguir, torturar y asesinar a sus compatriotas.

 

Hoy Jorge Edwards, que está presentando su más reciente historia ‘La última hermana’, ha recordado que en la vida de los hombres y de los pueblos no hay que descartar nada porque las desgracias pueden repetirse.

Teme incluso por su país, no porque existan argumentos objetivos para una involución, pero advierte que los errores y las desgracias se repiten en los pueblos que años atrás las padecieron, si las nuevas generaciones de ciudadanos olvidan ese pasado e ignoran sus consecuencias.

Edwards que, también tiene la ciudadanía española, ha aplicado esa reflexión a nuestro país y ha dado el único consejo que puede ofrecer un hombre que no quiso ser abogado cinco días a la semana y dedicar solo cuarenta y ocho horas a escribir historias.

“Leer y escribir es importante. Eso supone despertar la conciencia de la gente porque, todo se produce en la cabeza”.

 

 

 

 

 

 

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