Ser el segundo no es un fracaso

el-cholo-simeone

 

Anoche vi llorar a gente que soñaba con que el mundo les reconociera que eran los mejores, y una vez más constaté que para muchos la línea que separa el éxito del fracaso es imperceptible.

Siempre entendí que la pasión era fortaleza, pero cada vez que veo que se derrumba alguien por un deseo frustrado aunque lo haya tocado con la punta de los dedos,  pienso que está  haciendo una exhibición una debilidad porque haber llegado hasta ahí implica ser mejor que todos los que se quedaron antes en el camino.

Estamos educados –  maleducados – en la búsqueda de una supuesta perfección que no se asienta siempre en el éxito.

Ser el segundo jamás es un fracaso, porque en ninguna clasificación, ya sea deportiva o literaria, el primero siempre es el mejor, sino el que  ha sido tocado por la mano de la diosa fortuna o del dios de la oportunidad o la ventaja.

De ser cierto lo contrario a lo que afirmo, deberíamos respetar con reverencia y admiración contenida, a todos aquellos personajes a los que yo llamo “principales” que en el fondo no lo son por méritos acreditados sino por la posición que ocupan en la sociedad, y nos equivocaríamos si creyésemos que son mejores que nosotros.

Hablo de los que visten de corto y meten goles, de quienes tienen posibles  y se codean con sus similares, o  de aquellos que dicen que quieren salvarnos pero no dejan de trabajar en su propio provecho.  También me refiero a los que entran en el círculo de los pensadores oficiales o de los escritores de corte,  o a esos personajes encumbrados a la fama por una industria audiovisual que los exhibe como producto de consumo masivo, aunque apestan a mediocridad o cutrerío.

Es más importante que uno crea en sí mismo a que le aplaudan o adulen los que llenan las gradas del circo romano, porque de la misma caprichosa manera que indultan con el pulgar hacia arriba a quien actúa en la arena, pueden condenarlo en el minuto siguiente con idéntico y escaso criterio.

Es cierto que esta reflexión me la inspiran las lágrimas de unos hombres que han logrado ser los segundos mejores de Europa y que consideran que no es suficiente mérito haber dejado a todos los demás aspirantes en el camino.

Las pasiones colectivas no sé si son más intensas que las individuales, pero no siempre una orgía fue mejor que una relación a dos.

 

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