Un zarcillo en la oreja.

 

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Más de una vez habrán escuchado a alguien que amenaza con irse de España como si su ausencia nos importase una higa a los que les pagaríamos encantados el billete de ida.

Yo preferiría que fuesen más los que quisieran abrirse, y estaría dispuesto a organizar una ambiciosa colecta para que cumplieran su deseo, con la condición de que no volvieran, pero como no tengo posibles para financiarles ni ellos tienen huevos de irse a esos países cuyo sistema político , económico y social quieren incorporar a nuestras vidas, lo más barato y eficaz sería que me fuese yo, pero reconozco que me pilla en muy mal momento.

Tengo un amigo con el que viajé durante años al Caribe que a veces me dice que si esto le hubiera pillado con veinte años menos ya estaría en Repüblica Dominicana regentando un bar de copas y alquilando tablas de surf en la playa de Samaná, pero le pasa lo mismo que a mí, también ha llegado tarde a esa escapada.

Es una pena que los piojosos intelectuales que quieren hacernos un roto en nuestras vidas no hayan llegado a la política en España hace varios lustros, porque a estas horas unos estaríamos con un zarcillo en la oreja izquierda, una piña colada en la mano y una mulata bailona a nuestro lado, ayudándonos a regentar un negocio playero, y los que se hubiesen quedado en España, a día de hoy ya se habrían vacunado de la epidemia de caspa de esa nueva ola que nos amenaza con fermentar.

Aunque puestos a imaginar situaciones yo no habría renunciado a vivir en una isla desierta sin internet ni periódicos ni gente que me diera la vara con sus historias, porque no es malo de suyo ignorar a los ignorantes y estar a salvo de los salvadores.

Pienso que me habría bastado con compartir esa soledad con poca pero buena gente, aseadita, divertida, algo leída o al menos ocurrente, que hubiera superado sus traumas de juventud, su complejo de Edipo y su necesidad de chapotear en las salpicaduras de un odio infinito.

Sė que algunos hombres y mujeres me entienden y que más de una vez han pensando en que hace tiempo también perdieron la oportunidad de irse a Samaná .

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