Mucho talento

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La lotería le toca a los que tienen suerte, pero los premios los reciben los mejores.

Mi hijo Juanjo Armario que también es periodista, ha recibido ya dos premios por sus trabajos profesionales en televisión y de vez en cuando me recuerda que yo, con muchos más años de profesión,  tengo la vitrina vacía.

Hoy he asistido a la entrega de Premios Internacionales de Periodismo Rey de España, que otorga la agencia EFE, de cuyo jurado he formado parte, y he observado rostros de felicidad de los jóvenes periodistas de Bolivia, Brasil, Colombia, Uruguay y Portugal que han recibido este galardón por sus trabajos valientes, comprometidos y arriesgados sobre las denuncias que han llevado a cabo contra las injusticias a las que son sometidas mujeres y hombres de esos países.

Un amigo mío, que entiende más de balances y de proyecciones económicas que de otro tipo de sufrimientos, me ha preguntado por qué siempre se premian reportajes que denuncian las injusticias en vez de  promocionar otros que hablan de las buenas acciones, y he renunciado a explicárselo.

La información es un producto de consumo y la gente prefiere las películas de terror a las comedias románticas,  porque saben distinguir entre la realidad y la ficción: la prensa  se enfanga en el barro mientras que la literatura  tiene el privilegio de poder inventarse los finales de las historias que relata.

Los premios los reciben los currantes y los famosos, y esta vez entre los famosos había dos currantes que no se han quitado el vicio de escribir: Carlos Herrera y Mario Vargas Llosa, Premio Internacional de periodismo Rey de España y Premio Quijote.

En honor a otros muchos currantes en este oficio de la palabra, he de decir que también hay algo de lotería y de oportunidad en la ruleta de los reconocimientos, que son dos elementos aleatorios que casi siempre se alían con una suerte de injusta justicia, por eso mi recomendación a quienes están a la espera de que algún día alguien le diga: “Felicidades: hoy hemos decidido que empiezas a ser de los elegidos”, es que continúen escribiendo  por el puro placer de hacerlo.

A estos temas no nos referimos los que  dedicamos todos los días unas cuantas horas a este oficio de contar historias, porque si solo los que reciben un premio tuvieran argumentos suficientes para sentirse orgullosos de lo que hacen, la literatura  habría apostado más por los éxitos de ventas que por el talento de los escritores.

Por cierto, en este acto de entrega de premios me he encontrado, entre otros, con mi amigo Juancho Armas Marcelo, un canario excelso en su forma de hablar y de contar historias caribeñas  impregnadas de realismo mágico. Me ha pedido que le envíe mi última novela y para mí eso es un premio

 

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