Nacidos el 11 de septiembre

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Con frecuencia escribo alguna reflexión sobre otras personas, excepto los días en los que me puede ese sentimiento narcisista que aún no he superado desde el día en el que, por primera vez, me dije que estaba encantado de haberme conocido a mí mismo.

Dicen  que esa tontería de mirarse al ombligo  se  cura con los años, aunque yo pienso que a algunos se nos acrecienta a medida que descubrimos que el mejor presidente de nuestro club de fans somos nosotros mismos, porque afuera no hay ningún candidato en lista de espera.

El 11 de septiembre es una fecha con demasiados malos momentos históricos para la humanidad, pero quienes nacimos un día como hoy tenemos algunas cualidades envidiables que nos llevan por el camino de la incomprensión ajena porque somos singulares, por no decir raros, aunque eso no es óbice para que haya gente que nos soporte e incluso a la que le caigamos bien.

Todos los años, desde que nació mi nieto Nicolás, le regalo algo tan inmaterial y duradero como una de estas reflexiones porque creo que es importante  que conozca que hay personas en nuestra vida que nos  dejan huella sin que lo sepamos, hasta que la memoria un día nos ayuda a tropezarnos con algo que habíamos olvidado.

Yo sigo recordando a Pepe Maldonado, otro que nació un día como hoy y, como creo en la reencarnación, es posible que ahora esté por algún lugar leyendo estas líneas.

Nicolás y yo hoy cumplimos años,  así que muchas gracias a todos los que se hayan acordado, que siempre  son  suficientes, porque el afecto y los buenos recuerdos pertenecen a quienes te los regalan,  no al que los echa de menos.

Él aún es pequeño y tiene el mundo por delante para ayudar a que sea mejor del que los mayores le dejamos. En cambio yo tengo más edad de la que aparento por fuera, y mi aspecto es mejor de lo que se estila entre la gente de mi generación, porque mis excesos siempre tuvieron que ver con una razonable forma de entender la vida, y  como al único al que le cuento mis secretos es  al que veo cada mañana en el espejo, sé perfectamente los libros que me quedan por escribir y las batallas que aún me toca perder.

Lo que sí tengo cristalino es que  mientras tanto la vida está llena de oportunidades que hay que aprovechar al cien por cien, y yo soy un afortunado porque todos años, desde hace seis, comparto este día con Nico,  que es un Marina/Armario con mucho estilo, con gran personalidad, independiente, tozudo, perfeccionista, capaz de ilusionarse cada día con un nuevo reto y, lo que es más importante, es un buen tipo que hará grandes cosas en esta vida, en la que hay overbooking de impresentables.

 

 

 

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