La gracia en el culo

 

victor

Jamás me gustaron las bromas que hacen que el corazón te suba de golpe hasta la boca y estés al borde de un infarto.

Siempre me parecieron ausentes de inteligencia, porque quienes las gastan carecen de habilidad para provocar una sonrisa,  y lo primero que se escucha al mismo tiempo que la expresión de susto de la víctima, es la carcajada grosera del cenutrio que provoca el susto de la persona elegida para reirse de ella.

Todos hemos conocido a esos tipejos que le quitan a una persona la silla cuando se va a sentar y se desternillan de risa al ver que se cae y se destroza la rabadilla.

También sabemos de quienes esperan escondidos a alguien en una habitación oscura y le pegan un grito cuando llega para ver cómo reacciona, o le pone un petardo en una caja para que le explote cuando la abra.

Este personal es incapaz de contar un chiste que no sea soez, y tampoco  sabrían utilizar la ironía, porque para eso hace falta algo de inteligencia.

Cuento esto a propósito de la broma estúpida, peligrosa y posiblemente con consecuencias delictivas que un tipejo llamado Viktor Crazy ha gastado en una calle de  Barcelona, donde disfrazado con un atuendo similar al que utilizan los árabes, dejó una mochila en el suelo y huyó al grito de “Allah ‘u Akbar” (Alá es grande) .

La gente corrió despavorida pensando que en la mochila podía haber una bomba.

Parece que la policía está investigando el caso, pero lo que habría que investigar es el cociente intelectual de este tipejo, que se cree gracioso y que ignora que  él  tiene la gracia en el mismo sitio en el que las avispas llevan el aguijón.

Por desgracia vivimos en una sociedad amenazada por el terrorismo islamista, que en España provocó el atentado con mayor número de víctimas mortales conocido en Europa, y jugar o gastar bromas con algo tan serio no solo no tiene ni pizca de gracia sino que además puede provocar  daños no deseados.

El humor necesita ser inteligente, pero vivimos unos tiempos en los que proliferan los monologuistas, que son unos tipos que se creen graciosos porque cuentan historias en las que siempre se drogan, follan y se rascan las pelotas.

Luego hay otros que utilizan la inteligencia para hacer sonreír o provocar una carcajada, pero en un  país en el que todo el mundo podría ser seleccionador nacional de fútbol o presidente de gobierno no es extraño que también se crean que son graciosos.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s