El boca a boca

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La vida real es la que no sale en los periódicos ni se discute en las televisiones, porque en los medios de comunicación lo cierto nunca es del todo verdad  y los hechos se relatan adornados de exageraciones para que la gente compre lo que le cuentan, como si fuese la biblia.

Vivimos una etapa en la que la televisión, la radio y los periódicos son un instrumento más del “chou bisnes”, y  si alguien intenta escribir un libro o hacer una tesis doctoral tomando como fuente de autoridad lo que cuentan o dicen algunos plumillas, corre el riesgo de escribir un panfleto de trecientas páginas con numerosas citas apócrifas.

Líbreme Dios de criticar un oficio tan digno y necesario como el del periodismo porque de quienes estoy hablando es de los dueños del negocio que están más interesados en contentar o derribar al poder  o en convertir en noticia historias de mediocres famosos, que en contar lo que sucede e interesa a la gente.   Jamás se olvidan de poner en un platillo de la balanza la cuenta de resultados y  en el otro la información veraz ,para decidirse al final por el valor del dinero.

Por eso a lo que yo le voy más importancia es al boca a boca porque, aunque con frecuencia esté trufado de historias no confirmadas o leyendas urbanas, siempre tienen una base cierta.

España es un país de tradición oral en los relatos y difamaciones, en la pre literatura o en el sexo, porque el uso adecuado de la lengua garantiza el éxito de la operación que se tenga entre manos en cualquiera de sus variantes y acepciones, ya sea para conseguir reanimar a alguien, para provocarle un placer casi infinito o para promocionar su fama o su descrédito.

Nada ha superado a la tradición oral por más que la industria se empeñe en dar más crédito a los anuncios publicitarios o a los consejos de los  prescriptores, que no son otra cosa que unos cantamañanas bien pagados que nos pueden vender lo uno y lo contrario con la misma convicción.

Reconozco que yo disfruto con los relatos bien contados y con los sucedidos que su autor o víctima exponen aderezándolos con lo que  les hubiera gustado que hubiese sucedido, porque las verdaderas historias son las que se sueñan.

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