Embozados

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Los de ETA siempre aparecieron con capucha, los delincuentes saben cómo cubrirse el rostro para que la policía no les reconozca y es tradición que cuando alguien se oculta detrás de una careta o esta celebran Halloween, o es un delincuente, o es un cobarde.

Por eso la gentuza que ayer le hizo un escrache a dos ciudadanos españoles que habían sido invitados a confrontar sus ideas con los estudiantes universitarios en la Universidad Autónoma, y que llevaba el rostro cubierto, constituyen en mi opinión una panda de desarrapados intelectuales y morales.

La universidad es un ámbito de confrontación de ideas mediante el debate y la discrepancia, pero siempre a través de la palabra que es el instrumento más contundente y demoledor que existe desde que el hombre abandonó las cavernas para formar parte de una comunidad que se empezó a llamar civilización.

Sin embargo la historia nos demuestra que las sociedades dan bandazos que a veces  las conducen hacia el pasado en el que se refocilan los tipos más repugnantes y menos inteligentes  de la especie humana, que son los no se ha adaptado a la convivencia civilizada y añoran el garrote, las pieles y el gruñido de los hombres de la caverna.

Los que ayer, con violencia verbal y física, impidieron que Felipe González y Juan Luis Cebrián – ambos dos cargados con pesadas mochilas de pecados y alguna indecencia – pudieran hablar en público y someterse a la crítica de quienes iban a escucharles, aunque entre ellos había estudiantes que no ocultaban sus rostros, no eran unos espontáneos de la disidencia.

Eran unos profesionales del escrache, unos militantes de la intolerancia y el odio, unos amigos de los presos de ETA algunos de los cuales asesinaron a Francisco Tomás y Valiente en ese mismo espacio académico.

Tal vez fueran unos atentos escuchantes de los mensajes que en los últimos días ha reiterado en púbico Pablo Iglesias, al proclamar que hay que dar miedo, regresar a la acción en la calle, las empresas y los centros de enseñanza.

El escrache se había preparado por las redes sociales, las pancartas se habían elaborado con tiempo, las consignas estaban claras y eran coincidentes con la acusación en el Parlamente del líder de Podemos contra Felipe González y la cal viva.

El día que se descubra, si al final ocurre, quiénes estaban detrás de algunas de esas caretas, se despejaran las dudas.

Estos días hay mucha gente que se la coge con papel de fumar cada vez que habla o escribe sobre la conexión de Podemos con el lumpen más cutre y violento de nuestra sociedad pero, como siempre sucede, unos mueven el árbol y otros recogen las nueces.

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