El beso como arma de seduccion o de traición

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Los besos hay que contarlos a cienmiles, que es la unidad de medida lógica que  utiliza la gente de bien cuando  ha vivido lo suficiente como para echar la vista atrás y recordarlos todos.

De hecho la comunicación no verbal se inventó el día que Adán le  dio un beso de tornillo a Eva y desde entonces no es necesario hablar el mismo idioma para explicarle a alguien que te pone hasta el éxtasis, en cualquiera de las acepciones que acepta como válidas la RAE.

Por eso creo que, pasado el tiempo,  cuando alguien no es capaz de visualizar  e incluso hasta de sentir esos momentos vividos labio contra labio, o es que ha comenzado a perder memoria a causa de la edad o le ha funcionado un mecanismo de autodefensa que le ayuda a olvidarlos, por las razones que cada uno sabrá.

El beso también debe tener un componente estético, y estoy convencido de que el de Madonna con Britney Spears supera con mucho al de Pablo Iglesias  con Iñigo Errejón.

Hace años que lo de morrearse  pasó de ser un acto íntimo o discreto para convertirse en una explosión de feromonas que rompe barreras y convenciones sociales ya sea en el autobús, en plena calle, debajo de una farola o en el hemiciclo del Congreso de los diputados.

La cosa va en gustos, en apetencias, en sensibilidades o en simbología política, porque es tradición desde que Judas besó a Cristo, que hasta el Papa dice ahora que era comunista, besar con pasión en los labios a quien se va a traicionar.  

besos

De eso supo algo  Erich Honeker,  y debería tomar nota Pablo Iglesias, porque Iñigo Errejón le ha besado en la boca con tanta fuerza que parecía que tenía entre sus brazos a Megan Fox en vez de al coleta de pelo flácido  a pesar de que ambos llevan preparados los cuchillos en la faltriquera para enfrentarse al salir el sol.

Pero hecha excursión por lo más aburrido de la política, regreso a lo mollar de la cuestión que he planteado.

Hay muchos tipos de besos y no todos son igualmente clasificables.

El beso como convención social resulta a veces equívoco porque vivimos unos momentos en los que antes de saludar a una mujer dudas entre darle la mano o un ósculo , no vaya a ser que entienda que has invadido su intimidad y te reproche una conducta impropia. Por eso yo siempre espero a que decidan ellas.

En cambio el beso como comunicación no verbal que inventó el hombre primitivo siempre será el que no deja margen a la duda, y esos son los que, por muchos que se contabilicen, nunca  se olvidan.

 

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