“Mala mujer”

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Antes de ponerle el título a esta columna he buscado en google el término “mala mujer”  y me han salido acepciones que se refieren a tiendas de ropa femenina o puntos de encuentros feministas, con lo que he constatado que la expresión es más reivindicativa que  peyorativa.

Siempre he pensado que enfrentarse dialécticamente con una mujer tiene sus riesgos aunque al mismo tiempo entiendo que es una mariconada achantase y huir con el rabo entre las piernas, si el presunto cree tener razón.

Tan tópico sería afirmar que ellas son más inteligentes o malvadas  que los hombres como sostener lo contrario,  porque esas cualidades no tienen que ver exclusivamente con el género sino con la naturaleza individual de cada persona, además de que la tradición oral dice que tanto en el reparto de caras como en el de buenos sentimientos, los que llegaron más tarde se llevaron la peor parte.

El que más y el que menos conoce historias en este terreno  que invitan al acojone, pero si pasamos de las musas al teatro, de la ficción a la realidad y del anonimato a la política, las alarmas se disparan y el miedo se viste de material para la supervivencia.

Leo que  Susana Díaz tiene guardado un dossier para desanimar a Josep Borrell, y al parecer ya lo ha conseguido porque el ex ministro catalán se ha retirado de la lucha por la secretaria general del partido, pero no cede en su empeño de evitar por todos los medios que la andaluza sea la próxima  mandamás del PSOE.

Borrell, que es un hombre culto, con una dialéctica cartesiana y que además tiene el mal recuerdo de haber sido machacado por sus propios compañeros de partido que  le sacaron varios informes y le obligaron a dimitir después de haberle ganado las primarias a Joaquín Almunia, busca su segunda oportunidad para salir airoso de las insidias, pero esta vez tiene enfrente a la sultana del Sur,  y eso son palabras mayores.

En política todos coinciden en que el fin justifica los medios y que además los verdaderos enemigos están dentro del mismo partido, pero en este caso no hay que olvidar que Susana Díaz,  al igual que una señora bajita que a las puertas de Ferraz dijo que la única autoridad del partido era ella el día que echaron a Pedro Sánchez, casi desde niñas están en el aparato del Psoe andaluz y se conocen al dedillo  el arte de la intriga y la supervivencia.

Dicho esto, el catalán jacobino  José Borrell no tiene nada que hacer, porque debería saber que las niñas buenas van al cielo mientras que las que son malas van  a  todas partes.

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