La Olivetti : un arma para la gente con alma

washington-dc

 

Los servicios secretos rusos, que son muy listos, y por ende desconfiados, han regresado hace tiempo a utilizar la tradicional máquina de escribir para elaborar sus informes confidenciales, porque la informática tiene más puntos débiles que un alcohólico con síndrome de abstinencia.
Un ordenador conectado a una red es un coladero de información para cualquier experto que quiera saber lo que estás haciendo con tu vida y la de los demás y, aunque no existiesen más razones para desconfiar, yo añado una en positivo para volver a utilizar las máquinas de escribir: el sonido que produce el golpeo de las teclas sobre el carro en el que se enrolla el papel.
Hace unos días descubrí un video en el que un profesor de una orquesta sinfónica actuaba como solista interpretando sobre el teclado de una máquina de escribir, la obra de este mismo nombre del compositor Leroy Anderson, y sentí una tremenda nostalgia.
Aquel sonido me retrotrajo a esos años en los que no existían los teclados de los ordenadores, ni tampoco las máquinas eléctricas sino simplemente la Olivetti de toda la vida a la que, manchándote los dedos, debías cambiarle la cinta tintada cuando ya la habías usado para unos cientos de folios o cuartillas en las que escribías noticias crónicas, reportajes o las páginas inseguras de tu primer libro.
El papel de calco era imprescindible porque, por entonces, no existía la opción de guardar en ningún archivo el tesoro de un texto que, si lo perdías, no tenías más opción que la de cortarte tus partes nobles.
De aquella época tengo copias encuadernadas de algunas historias que escribí y que, pasados los años y después de haberlas releído y corregido cien veces, acabaron convertidas en algo de apariencia más digna.
También tengo otro recuerdo muy especial que me apetece asociar a estas líneas, y es el de Manuel Antonio Rico, un periodista asturiano que hizo programas de éxito en Radio Nacional de España, en la SER, en la COPE y en Onda Madrid, y que – ya en la época de los ordenadores- pedía que se le facilitase una máquina de escribir, porque siempre se resistió a que la tecnología le robase un ápice de esa sensación de romanticismo que sólo sugiere el sonido del teclado de una Olivetti.

Para mí la imagen de Robert Reford y Dustin Hoffman en la redacción del Whasintong Post en la película “Todos los hombres del Presidente”, es un homenaje a aquella época en la que el bloc de notas, el bolígrafo y la máquina de escribir, eran instrumentos suficientes para cambiar la historia del mundo.

 

 

 

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2 comentarios en “La Olivetti : un arma para la gente con alma

  1. Que razón tienes. La nostalgia nos envuelve.
    Acabo de recuperar una Olivetti, mecánica, no eléctrica.
    Aunque tengo que decirte, que al ver a Reford, me he acordado del nuevo rubio de América.

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