El tonto del felpudo

*CEREMONIA DE LOS PREMIOS GOYA 2015

Dani Rovira es un buen monologuista y es posible que algún día llegue a ser un buen actor, porque tiene madera para ese oficio.
Recibió un Goya por “Ocho apellidos vascos” y como no es tonto sabe que no puede compararse con José Sacristán al que le dijo hace un par de años que había visto todas sus películas, incluso las que rodó en blanco y negro, mientras que de él solamente se podía ver una.
Para alguien consciente debe ser duro hacer el payaso una vez al año delante de compañeros de profesión que tienen el culo pelado encima de las tablas, en giras teatrales, en cientos de rodajes, con papeles cómicos y dramáticos y sufriendo el vaivén del favor del público.
Por eso cuando dentro de unos días vuelva a presentar la gala del cine español quiere ir a ese singular evento con los deberes hechos y con el favor de la platea ganado de antemano, y tal vez también por eso – o porque ingenuamente se ha creído que sus colegas son sus amigos- ha elevado a categoría de patriota eminente a Fernando Trueba y ha rebajado al nivel de borrachos antiespañoles a los que decidieron no ir a ver su película “La Reina de España.
Tal vez ignora que hay muchas formas de hacer el ridículo y la más vergonzosa de todas ellas es cuando alguien se convierte en felpudo.
Si Dani Rovira se hubiese limitado a llamar fascistas a los que criticaron o se negaron a ver la película del director madrileño que proclamó, el mismo día que recibía el “Premio nacional de cinematografía” y el correspondiente cheque, que “no se había sentido español ni un solo día de su vida”, no habría pasado nada porque hasta eso es opinable, pero la tendencia a la adulación y a la demasía le ha llevado a cometer un error injusto.
Por España y por poner su nombre en el mundo han hecho más que Trueba no pocos actores, literatos, cocineros, médicos, científicos, y hasta futbolistas, que nunca mearon fuera del tiesto.
En el año 2006, cuando publiqué “Los tontos con poder”, que tuvo otras tres ediciones, dos de ellas en italiano y portugués, definí el concepto tonto con cuarenta y tres sinónimos porque existían ese mismo número de comportamientos que hacían merecedores a sus protagonistas de que les fuese otorgado ese dudoso honor.
Hoy al referirme a Dani Rovira se me ha ocurrido una nueva acepción “el tonto del felpudo”.

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