La incultura como acción politica

trump

De Rajoy se dice – y él no lo niega- que el MARCA es el periódico que lee con más entusiasmo porque lo que realmente le interesa en sus momentos de relax es saber cómo le ha ido al Real Madrid, al Deportivo de la Coruña y a nuestros ciclistas, cuando están en competición.
Ignoro el título del libro que tiene en su mesilla de noche, qué obra de teatro le ha gustado más en la última legislatura, o a qué músico escucha cuando desea relajarse de sus múltiples preocupaciones.
Otros políticos de nuestra camada nacional tampoco frecuentan librerías, salas de teatro o lugares de conciertos de música clásica, de pop o de rock, que se sepa, pero al menos en sus equipos tienen a algunos personajes raros que sí lo hacen y les asesoran cuando llega ese incomodo momento en el que tienen que decir algo sobre un asunto que no les entusiasma.
Para no fustigarnos con sentimientos masoquistas sería más justo decir que no se estila esa debilidad cultural en la clase política ni en España ni en otros pagos, y de rato en vez ,surge algún aficionado a escribir libros y a hacer la guerra, como Winston Churchill, al que le dieron el premio Nobel de literatura.
Para los que son menos leedores y escribidores que el británico se inventó Google, que se ha convertido en la balsa de salvación de quienes necesitan aparentar unos conocimientos que no les asisten,aunque ni siquiera con ese bastón caminan bien.
Los políticos en general no han sido muy aficionados a escribir y plasmar sus pensamientos en un papel impreso, convencidos de que les basta con el discurso tópico del bien y el mal, de los tuyos y los míos, de los fachas y los rojos, lo nuestro y lo de los demás, y de esta guisa la xenofobia amplía su concepto para incluir en el grupo de los excluidos a cualquiera que no acepte ese principio de selección.
El verdadero problema no es lo que nos sucede sino lo que está por venir, y basta con mirar cómo anda el mundo y quiénes son sus nuevos profetas.
Cada vez se exige menos preparación para presidir un país, y en los Estados Unidos de América esa exigencia es aún menor porque su nuevo Jefe de Estado ignora demasiadas cosas importantes.
Cuando la ideología pesa más que el sentido común, el resultado siempre es nefasto, y por eso Donald Trump ha hecho desaparecer de la web oficial de la Casa Blanca la versión en español de sus noticias a pesar de que en su país hablan nuestro idioma cuarenta millones de ciudadanos.

 

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