No roben gallinas

urdangarin

En España hay mucha gente que está hecha un lío con esto de los jueces y los fiscales, porque de los abogados es mejor ni hablar.

Son hijos de sus padres y sus madres, tienen el corazón hipotecado, la simpatía dividida y la ideología política clara, hasta el extremo de que aceptan ser etiquetados como progresistas o conservadores, y se asocian según este criterio ideológico.

Se ponen la toga y visten puñetas para que debajo de esa coraza estética se oculte la singularidad de cada uno de ellos, pero esa apariencia externa es insuficiente para disimular su condición humana.

Si pasamos por alto los casos de jueces condenados por prevaricación – no en un juicio político sino en una sala del Tribunal Supremo – podemos afirmar razonablemente que la debilidad humana, las filias y fobias, o las presiones mediáticas, políticas y sociales convierten su trabajo en un empeño complicado. También es verdad que si hablamos de justicia, no es justo que se generalice una apreciación como ésta sobre el colectivo que se dedica a dirimir conductas supuestamente penales, porque en ese singular oficio hay de todo como en botica.

En cambio lo que si podemos sostener, ateniéndonos a resoluciones, sentencias o tratos singulares a los procesados, es que la justicia no es igual para todos, o como dijo el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, “ la ley está hecha para el roba gallinas y no para el defraudador”.

Llegados a este punto hay que dejar claro que Iñaki Urdangarín jamás ha robado una gallina y por lo tanto no sé por qué la gente se escandaliza de que se le trate mejor que al muerto de hambre que se rebaja a tan mísera acción de entrar en un corral y afanarse una polla.

Siempre ha habido clases y es inútil luchar contra los privilegiados de primera división, aunque en este caso me esté refiriendo a un advenedizo con la mano muy larga, entrenada en su oficio como deportista.

Es tan cierto esto que hasta un Duque, como el de Salvatierra, al referirse a Iñaki Urdangarín, por el que no mostro ninguna simpatía porque le veía demasiado osado, afirmó que “Sólo en apariencia todos somos iguales ante la ley, porque si somos realistas, sinceros y honestos, eso no es del todo cierto”.

La moraleja es sencilla: no roben gallinas.

 

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