España y el esperpento

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España, con permiso de Don Ramón, da para mucha literatura y teatro del esperpento.
Nos sobran motivos y nos desbordan las contradicciones. No es menester mucha imaginación para recrear en unos folios situaciones que hacen realidad la esencia del absurdo. Basta con ver o escuchar a quienes han copado las tribunas para pergeñar su visión de lo que algunos llaman la post verdad.
Se acumulan los despropósitos que aparecen como propuestas sensatas, dichas sin pudor por quienes cobran por llevar la contraria a lo que sea menester. A sus espaldas portan un capacho preñado de tópicos y en el bolsillo el vademécum de la exclusión.
Nos habíamos acostumbrados a otros impresentables que con la corbata puesta al cuello, el Cardhú, con hielo en copa de balón, en la mano y la cocaína para después, hacían de su capa un sayo porque estaban metidos de hoz y coz en el sistema.
Llevaban años repartiéndose prebendas, comisiones y silencios cómplices, cuando de pronto sonó la trompeta del Apocalipsis anunciando la llegada de los mesías paganos que iban a redimirnos, pero el sistema se tragó muy pronto a quienes venían a luchar contra él.
Pasaron de la charla de café, con un porro entre los dedos o una litrona en la mano, al parlamento, con sueldos, pluses, secretarias, “choféres” y un amplio margen para practicar, en su ámbito de poder, el despotismo ilustrado que para eso habían estudiado en la universidad.
Mientras tanto el público que asiste al circo romano, amnistía o pide la muerte de los nuevos gladiadores que luchan por sí mismos y no por nosotros, porque los que proclaman que son nuevos solo han necesitado tres telediarios para hacerse antiguos.
Pero yo había venido aquí para hablar de literatura, así que regresaré a la senda que me había marcado, para reconocer que estos recientes espontáneos son impagables porque les sobra imaginación para construir la realidad virtual en la que viven auto amnistiados de cualquier exceso que decidan perpetrar.
Darían para más de una novela porque son capaces de inspirar a quienes solo necesitan tres meses para escribirla. Una nueva generación diseñada por la industria editorial, convertida en una máquina de inventarse genios a los que solos les exigen que sean populares y televisivos. Si añado un par de características más alguien podría molestarse e iniciar una campaña en defensa de los aludidos, y no lo necesitan porque ya tienen gratis suficiente promoción.

Al fin y al cabo, aunque  es fácil el recurso de  criticar a los políticos en esta España en la que vivimos, si le damos vuelta y vuelta, no se salva ni Dios.

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