Durmiendo con su enemigo

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¿Qué sabe nadie lo que pasa por la cabeza de nadie, cuando decide ser nadie?

La frase  es de Manuel Chávez Nogales y refleja la incapacidad que cada uno de nosotros tiene para poder comprender el absurdo de los demás.

Cuando alguien se quita la vida – como fue el caso del maestro  Juan Belmonte – muere con sus razones, y algo similar la puede suceder a quien se la deja quitar porque perdona a su verdugo, después del primer intento.

El miedo, la inseguridad, el abandono o la locura pueden explicar el caso de una mujer y de su hija que han declarado en un juicio a favor del maltratador que roció con gasolina a la víctima e intentó quemarla viva.  El “pieza” es un rumano que se enfadó cuando llego a la casa en la que vivían juntos en el pueblo toledano del Corral de Almaguer, porque la comida no estaba preparada.

La mujer le ha exculpado en el juicio,   y ha dicho que no quiso matarla prendiéndola fuego, que no la amenazó y que “se ha exagerado mucho”, en contra de lo dicho por los testigos que la ayudaron cuando huyó impregnada en gasolina.

La cifra de mujeres asesinadas en España  por las bestias de dos patas es imparable y en lo que llevamos de este año hemos superado la estadística de crímenes machistas del 2016.

Es tan inexplicable que esa mujer haya afirmado en sede judicial que se ha exagerado mucho lo que sucedió  y que su declaración se había entendido mal, a pesar de que varios testigos la vieron huir rociada en gasolina,  que una vez más hay que preguntarse  “¿qué sabe nadie lo que pasa por la cabeza de nadie, cuando decide ser nadie?”

Sin embargo toda frase dramáticamente absurda deja numerosas pistas que en el fondo constituyen una llamada de auxilio.

Jamás  hay que dar por bueno lo que en esencia es malo y no existe justificación alguna para que se  observe con una mirada comprensiva la aberración de los asesinatos de mujeres y niños, a manos de sus padres y maridos.

Menos mal que en este caso el fiscal pide para el inculpado,  ocho años de cárcel o la expulsión del país si la pena es menor de seis años.

Dada la epidemia de asesinatos machistas que tenemos en este país, la justicia  deberá  actuar con  toda la contundencia que le permite el código penal, incluida medidas de alejamiento o extrañamiento del supuesto agresor, si no queremos que la mujer que, por las razones que ella sabrá, le ha exculpado sea cualquier día un número más en una estadística que nos avergüenza.

 

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