La equidistancia, a veces, es indecente

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No estamos sobrados en España de políticos en activo que sepan llamar al pan, pan y al vino, vino.

El arte de cogérsela con papel de fumar o de ponerse mirando a Cuenca cuando no interesa mojarse o no  se quiere molestar a alguien que ofende a la democracia, lo practicamos aquí de forma singular, porque hay quienes creen que el Oso es un animal de compañía en vez de una fiera no domesticable.

Lo que ha sucedido en Venezuela donde el gobierno de Nicolás Maduro le ha arrebatado los poderes legislativos a la Asamblea Nacional en la que la oposición democrática tiene mayoría, es una indecencia política, un acto antidemocrático y un golpe de estado, y no se le puede llamar de otra forma como ha hecho nuestro ministro de Asuntos Exteriores Alfonso Dastis  dicho que “la decisión de anular el parlamente no es tranquilizadora”.

La prudencia es ocasiones se convierte en una manifestación de indignidad porque en la defensa de las libertades y la condena de los abusos antidemocráticos no caben medias tintas.

Distintos líderes latinoamericanos – excepción hecha de los que presiden gobiernos tan irrespetuosos con las libertades como el venezolano – han condenado el golpe, han exigido el restablecimiento de la legalidad democrática o, como el gobierno del Perú ha retirado de forma permanente su embajador en Caracas.

A día de hoy nadie lo duda – porque lo dicen los tribunales de justicia  y lo acreditan investigaciones internacionales-  que Venezuela está presidida por un gobierno  en connivencia con el narco tráfico,  que encarcela a los opositores. Otros elementos preocupantes como el índice de violencia o el desabastecimiento de productos de primera necesidad son reflejo de cómo se puede hundir en la miseria económica y moral a un país rico en recursos.

Mientras tanto tenemos a José Luis Rodríguez Zapatero, que va de mediador a favor de Nicolás Maduro,  diciendo que  lo que ha sucedido en las últimas horas en Venezuela es solo «un elemento más» del conflicto que se vive en el país” . ¡Para mear y no echar gota!

Menos mal que la dignidad y el compromiso con  el pueblo de Venezuela la mantienen algunos políticos españoles como Felipe González y José María Aznar, que durante todo este conflicto jamás han estado equidistantes entre  el dictador y su pueblo.

De otros políticos hispano bolivarianos mejor ni hablar porque de donde no hay no se puede esperar que salga nada decente.

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