El beso de corcho

Beso280

Ayer, entre las diez de la mañana y las dos de la tarde, estuve  jugando al golf con gente de bien sin que me importase lo que sucedía a esas horas en un lugar de Madrid donde dos ciudadanos y una ciudadana simulaban que eran compatibles.

Hace años me habría quedado pegado al televisor por obligación y con curiosidad pero, en lo que se refiere al fondo  del asunto del que escribo, ahora carezco de esos dos impulsos, y sólo me atrae el lenguaje de los gestos que, como el algodón, nunca engaña.

No existe una prueba más definitiva que  el beso entre dos personas para deducir, sin margen de error, cuánto hay de verdad o de mentira en  ese contacto de piel, y lo digo con absoluta seriedad desde mi condición de besador múltiple, aunque nunca compulsivo.

Mis besos nunca fueron mentirosos y no recuerdo haber dado a lo largo de mi vida ni uno solo que no fuera de verdad, porque en unos había pasión, en otros amor y en los besos sociales había educación, pero nunca me sentí  obligado a juntar mis labios con otros o acercarlos a una mejilla si esa persona me provocaba  rechazo.

Pues bien, ayer una señora y uno de los señores a los que me refiero en este relato, se dieron un beso más falso que el de Judas minutos antes de llamarse mutuamente perros judíos. Testigo de esa escena grotesca estaba el tercero en discordia que sonreía pensando, con conocimiento de causa, que la política es puro teatro y reconociendo íntimamente que él también había tenido que lavarse la boca alguna vez después de dar un ósculo no deseado.

Acompaño el relato de hoy con una foto del momento en el que los labios de los contendientes se fruncían mientras se acercaban a sus respectivas mejillas en un gesto de repulsión solo compresible en política. Hay fotos que son un poema… y ésta lo es, pero no un poema de amor.

La señora dejó pasar un rato antes de decirle “¡No mientas cariño!” al más guapo de los tres.

Les aseguro que yo  podría escribir un tratado sobre el beso  pero lo dejaré para otro día. Hoy solamente diré que no hay derecho a devaluar ese gesto.

No me gustan los besos de la gente que junta las caras mirando hacia el lado contrario y tampoco me agradan  los besos sonoros sin piel, ni los besos ensalivados que da la mafia, ni tampoco los besos secos de labios cerrados. Me gustan los besos mordientes que nunca acaban pero… eso en política, no existe.

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3 comentarios en “El beso de corcho

  1. A mis sesenta y tantos años con cierta experiencia política negativa por supuesto aprendí a separar el trigo de la paja de tal manera y precisión que salvo en el entorno familiar y los que tengo catalogados como amigos/amigas de verdad que por decirlo de alguna manera son tan escasos como las perlas naturales no doy un beso sin certificado de autenticidad firmado por las partes y en política ni eso porque en política, hay besos que matan …. sin contar las navajas escondidas bien en la liga bien en el bocamanga ….

  2. Ese personaje , es tan falso como el beso que da , nadie lo pude ver , antepone su ” ego ” a todo lo demás , mire usted im_presentable , a parte de hundir a su propio partido ¿ que ha hecho ? NADA , no venga con chorradas , que en España todavía sabemos diferenciar a las personas de marmotrecos como usted , y aunque lo repito mucho le diré ; no es lo mismo ser alto que estar a la altura , por sus hijos hágales un favor RETÍRESE .

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