La fama y la lana

tetas

 

Dice el refranero español que unos cardan la lana y otros se llevan la fama y algo de verdad tiene esa sentencia porque  no es razonable que existan tantos famosos inútiles compitiendo por el primer puesto de la estupidez nacional.

Claro que para no desmerecer a los que no se sientan concernidos por el apelativo de notorios, añadiré que no son escasos los personajes ignotos que también son merecedores de ser considerados tontos esféricos.

Cuentan los viejos del lugar que hace mucho tiempo, con motivo de un conflicto entre España y nuestros vecinos del norte,  un periodista le pidió  a un político que opinara sobre los franceses y, sorprendentemente le  respondió: “No puedo  decirle nada, porque no los conozco a todos”.

Cualquier otro habría soltado una ristra de lugares comunes, simplezas, tópicos y, por supuesto, alguna descalificación global,  porque si para algo está preparado el ser humano es para despachar sus fobias contra quien ose hablar  bien de un prójimo al que apenas conoce.

No sé si a ustedes les sucede algo diferente a la experiencia que estoy relatando pero, salvo que en una conversación se hable de alguien a quien dos o más personas quieren, siempre surge un espontáneo que le pone un pero al elogiado y se esfuerza en señalarle algún defecto.

Esto me recuerda la historia de un hombre, que un día le dijo a alguien que se suponía que era su amigo:  ” Me he enterado que tu mujer ha tenido un hijo con otro”   y él respondió. “Sí… pero es muy chiquitillo y muy feo”.

La gente no está preparada para recibir malas noticias y se rebela contra quien se las da. La mitología y la literatura están preñadas de historias de mensajeros que fueron ejecutados por ser portadores de nuevas indeseables.

Hoy en día se les evita y se llama malajes a quienes practican ese triste oficio,  pero nadie carga sus iras contra ellos porque la ley los protege aunque forman parte de una especie que nunca se extingue.

A la gente lo que mola es que le tiren los tejos y no le den calabazas, aunque solo los que se arriesgan a intentar seducir a la persona a la que desean tienen argumentos para recibir el premio a su osadía.

Otra asunto bien distinto es cuando hablamos de grupos o instituciones, porque en torno a esos colectivos la razón tiene perdida la batalla frente a la emoción, y es un empeño inútil esperar de nadie un gramo de objetividad, porque los héroes de unos son los villanos de los otros.

Para un observador que no haya comprado entradas para el espectáculo, el momento es ideal porque el patio de vecindad en el que vivimos  bulle  y los hooligans de uno y otro lado  están en su salsa.

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Un comentario en “La fama y la lana

  1. Dos refranes muy españoles dicen. No las hagas y no las temerás o cada cual recoge lo que siembra y mi madre me decía cuando empezaba a tontear con las chicas hijo no olvides nunca que con la cuchara que escojas has de comer así que no dándome lastima ni pena ninguna y en base a tus siempre geniales publicaciones a los “famosos” inútiles con titulo o sin titulo, por no soltar improperios gruesos, que se fastidien …… y arrastren sus miserias por el fango de la mediocridad …. en que viven y se desarrollan ..

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