El club de los mal encarados

Bean

Donald Trump tiene cara de estreñido y ese es un síntoma muy malo, porque los que son de esa manera no dejan títere con cabeza ni alma sin angustia.

Yo me lo imagino de pequeño – por entonces su padre ya era multimillonario – como el abusón de la clase que le daba sopapos a los otros alumnos  , le mantenía la mirada fija a sus profesores e intentaba sin éxito seducir a sus compañeras.

Alguien así no cambia porque va en su ADN la convicción de que ha nacido para mandar y los demás para obedecer sus órdenes.

Para ser así solo se necesita  haber sido educado como un estúpido intolerante desde pequeño o estar decidido a aprender a serlo, y aquí no hay límites en la prueba de acceso al club de los mal encarados.

El problema es cuando uno de estos personajes llega al poder o a sus aledaños. En ese momento la ideología es sólo un pretexto para auto etiquetarse, porque a todos les une la intolerancia,  y  de eso algo sabemos en este país donde ha surgido una especie política que reclama para sí elementos étnicos diferenciales.

Lo que les caracteriza es que con frecuencia combinan  su expresión facial de mala leche con su desaseo personal, y aunque les molesta que se le señale como poco aficionados al jabón y al agua fresca persisten en su “casual look” porque interpretan que es una forma de exhibir su ideología.

El caso más notable en los últimos tiempos es el de la  líder de la CUP, Anna Gabriel, que a veces se huele el sobaco para ver si aún puede aguantar unos días más sin cambiarse de camiseta.

Sé que me estoy metiendo en un jardín porque la primera vez que recibí  mogollón de insultos y alguna amenaza personal fue como consecuencia de unos de mis artículos, titulado “De profesión sudaos”, en el que desarrollaba una tesis muy similar a la de hoy, pero quiero adelantarme a cualquier interpretación urgente que pudiera conducir a error porque lo más importante es el aseo mental,  y todos conocemos a mentes sucias en cualquier punto del arco parlamentario.

No es cuestión de belleza física o fealdad sino de talante que es una palabra que manoseó Zapatero hasta la náusea para trasladar la sensación de que él era la tolerancia frente a la cerrazón, y hubo gente que le compró aquel mensaje maniqueo.

La ventaja de Zetapé, sobre el que escribí un libro que a día de hoy sigue estando de actualidad porque el Psoe no ha superado la crisis en la que él sumió a su propio partido, es que tenía una sonrisa agradable, sus ojos eran claros, y su mensaje comparable al movimiento de los Hare Krisna.  

Dios me libre de comparar a nadie con nadie y mucho menos a nuestro ex presidente con el actual inquilino de la Casa Blanca, al que no le ha sonreído ni el papa Francisco que como buen argentino también es de armas tomar, pero estoy persuadido que todo buen gobernante debe poseer una sencilla combinación de virtudes: aseo mental y físico, ausencia de sectarismo, honradez, firmeza y sentido global del mundo en el que vivimos, es decir, demasiadas cualidades para los tiempos que vivimos.

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