Urge un casting

Manuel Moix

 

En cualquier pueblo de España la gente sabe qué vecino es maricón, qué señora es puta, qué poli es corrupto, qué cura es pedófilo y qué concejal es sobornable, por lo tanto no dicen verdad los que se hacen de nuevas cuando surge un escándalo o se perpetra un crimen y afirman que jamás habrían imaginado que el supuesto delincuente no era trigo limpio, porque la mala gente es como el caracol, que va dejando un rastro de baba allá por donde camina.

Por eso no entiendo a los políticos que nombran para puestos de confianza a personas que no son de fiar y luego lloran como plañideras ofendidas cuando salta el escándalo, porque el elegido era un trincón con balcones a la calle y resultaba difícil no haberle oído cantar.

Creo que no es razonable que los responsables de nombrar o elegir a cargos de confianza sean incapaces de sacar alguna lección de las experiencias acumuladas en tantos lugares de España en los que tienen a colegas encausados, o bajo sospecha  de no ser ejemplares.

Deberían hacer un casting  previo para garantizarse que no les va a salir rana el elegido para un cargo público, y en el caso de que se les cuele alguien sin detectar previamente de qué pie cojea, dejarse de poner la mano en el fuego por ninguno porque siempre acaban achicharrados.

Cuento esto porque a estas horas los jefes políticos del fiscal anticorrupción, Manuel Moix , no le han pedido que dimita después de que se haya conocido que era copropietario con sus hermanos, de una sociedad offshore en Panamá . Esas sociedades localizadas en paraísos fiscales se prestan para esconder dinero y patrimonio de procedencia ilícita. En este caso, como en el de la familia Pujol, la sociedad del fiscal y sus hermanos pertenecía a su padre, que es una explicación muy conveniente para echarle la culpa al muerto.

Sinceramente desconozco si existe algún ilícito penal o fiscal en este caso, pero lo evidente es que no resulta ejemplar y el gobierno no está para que le sigan creciendo los enanos.

Conviene no pasar por alto que este fiscal tiene a unos cuantos  enemigos entre sus colegas,  y ésa no es una cuestión baladí, porque si cualquier enemigo es peligroso, los de tu misma clase profesional son los peores, y no le arriendo las ganancias a quien topa con un  vengador justiciero que viste toga y calza puñetas.

 

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