¿Escritores machistas y escritoras feministas?

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Me gustan las discusiones entre escritores que por lo general sirven para afilar la pluma y la lengua sin perder el estilo, porque  sería imperdonable incurrir en bajeza verbal cuando de confrontar el ingenio se trata, ya que en estos lances se busca inferir una herida que no sea mortal de necesidad para darle ocasión de réplica al oponente.

No siempre acontece que la reacción del que ha sido objeto de chanza y la de los espontáneos que se constituyen en clá defensora sin que el aludido haya pedido ayuda, sea moderada y menos aún en estos tiempos que corren en los que cualquier twittero tiene más peligro que una piraña en un bidé.

Para empezar diré que es falso de toda falsedad que el oficio de escribidor lo desarrollen hombres buenos y benéficos o mujeres generosas protegidas contra el virus de la envidia, porque este trabajo hace que te sientas Dios y te da lo mismo que los demás no lo sepan, ya que ni el éxito de ventas  es sinónimo indefectible de calidad literaria,  ni las sesudas críticas responden a la inteligencia preclara de quién está detrás de ellas, pero si un  día la diosa fortuna te hace un guiño puedes acabar convencido de que tú eres la hostia y los demás una puñetera mierda, que es lo que le sucede a unos cuantos que todos conocemos, porque la casta elitista  aunque apesta menos se asemeja mucho a la de los nuevos macarras con acta de cargo público.

Pero regreso al principio del sucedido que quiero relatar  porque esta historia tiene tranca y retranca.

Hace unos días, sin que nadie le hubiese preguntado su opinión sobre Gloria Fuertes, Javier Marías la lio diciendo que “le resultaba imposible suscribir que fuese una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio”,  y para acabar de arreglarlo hizo una exhibición de su vasta cultura literaria femenina citando a dieciocho escritoras a las que admiraba, ninguna de ellas española.

Desde aquel día le ha caído la del pulpo porque hay desinformados que se extrañan de que un escritor hable o escriba pestes de un colega de oficio, vivo o muerto y ,que yo sepa, solo le ha defendido Arturo  Pérez Reverte, no sé si por aquello de que uno es titular de la R y otro de la T en la Real Academia de la Lengua, o porque también piensa que la  poeta de las ideas simples no tiene nada de singular.

En medio de este debate hace unos días me encontré con un artículo  de una escritora que desde que empezó en este oficio se impuso leer a Javier  Marías porque así se lo aconsejaron quienes le dijeron que de esa forma lo aprendería, y ahora lamenta haber tardado en comprender que para escribir bien hay que hacerlo todos los días hasta que te sangren las ideas, porque no hay referentes imitables sino el escritor que llevas dentro.

El artículo, dedicado a Javier Marías, lo leí en Facebook hace unos días y ahora  como no lo encuentro para citar a la autora por su nombre, le pido disculpas.

En uno de sus párrafos decía:

 “¿Cómo vamos a comparar nacer en una familia de enjundia intelectual, con padre refutado por organismos internaciones, ligeramente proscrito por el franquismo, catedrático  y opositor,  con ser hija de costurera y portero? ¿Cómo vamos a comparar autor de parajes truñeros que necesitan varias vueltas para desenmadejarse,  con una voz infantil que hizo del dolor señuelo de belleza sencilla? Evidentemente, jamás. Son incomparables”.

Y  tras esta bomba de racimo entre interrogaciones, entra a matar con armas que exceden la normativa de un duelo a primera sangre porque le dedica algunas  frases bien hiladas en la que prima la descalificación de su condición de hombre sobre su cualidad de escribidor, y añade:

Cosas de la edad, don Javier, que nos falla la próstata, ya no ligamos púberes y tenemos que consolar con deslumbrarlas con el ingenio pelón del que carece, porque esa mirada de ave torcaz o de palomo cojo, ha perdido donosura. Y se enerva”.

Andaba bien encaminada mi respetada e ignota colega, pero se vino arriba y no pudo evitar hacer una invocación al supuesto antifeminismo de Javier Marías al que califica de “obsesivo en su fijación contra las mujeres… aunque las sumisas le ponen”.

En ese momento su artículo se me vino abajo porque aunque estaba bien escrito había muchas formas de acabarlo sin recurrir al colofón antifeminista referido a cualquiera que disienta de lo que dice o hace una mujer.

Tal vez  pienses que yo me expreso así  porque también tengo problemas de próstata y  hace ya  mucho tiempo que tampoco ligo nada, pero  no creas querida amiga que detrás de cualquier crítica  justa o incluso injusta que alguien le haga a una mujer, está la sombra de un machista.

Por suerte muchas mujeres se reivindican demostrando que son mejores que los hombres sin recurrir a la coartada  del feminismo que, en mi opinión tanto daño hace algunas de ellas.

En cualquier caso mi respeto por lo que escribes y cómo lo haces.

Yo también opino quelo que  dijo Javier Marías sobre Gloria Fuertes fue una demasía innecesaria porque la difunta no habia reclamado ningún honor póstumo.

 

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