El peligro de los libre pensadores.

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Liu Xiaobo fue un chino que supo a qué sabía la libertad durante el tiempo en el que fue profesor visitante en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos donde impartió clases de literatura, pero decidió regresar a Pekín para unirse a los manifestantes que reclamaban ese derecho en la Plaza de Tiananmen y los esbirros del régimen le tomaron la matrícula y a partir de ese momento no levantó cabeza porque fue encadenando condenas.

De nada le sirvió que el comité noruego le otorgará el premio Nobel de La Paz en el año 2010, porque las autoridades chinas no le permitieron acudir a la ceremonia de entrega y además se mosquearon con el jurado “por la muestra arrogante de la Ideología occidental”, que se atrevía a premiar a un disidente.

Cuento esta anécdota vital porque Liu ha muerto hace solo unos días de un cáncer de hígado sin que ,por motivos humanitarios, le permitieran respirar el aire de libertad que le negaban en su país.

El amigo chino  con el que se llevan tan bien los gobiernos democráticos del mundo es tan dictador como Erdogán en Turquía, Putin en Rusia, Alsisi en Egipto, Obiang en Guinea Ecuatorial, la familia real en Arabia Saudita, Kim Jong Un, en Corea del Norte, Raúl Castro en Cuba o Nicolás Maduro en Venezuela, y así hasta cuarenta y ocho países que persiguen, encarcelan, torturan o asfixian a sus ciudadanos negándole un derecho fundamental que a veces no valoramos los que sabemos que , cuando alguien llama a la puerta de nuestra casa a las cinco de la mañana solo puede ser el lechero .

La libertad es mucho más que un estado de ánimo, pero no deja de serlo, y por eso solo son capaces de valorarla los que alguna vez no la tuvieron porque alguien se la robó por la fuerza y, al recuperarla se abrazan a ella y la defienden con su propia vida.

Cuando alguien, menor de cuarenta años, afirma que las personas mayores en España son una rémora para el cambio político y quieren borrar la memoria viva del inconsciente colectivo, esta despreciando lo que desconocen,  porque solo sabe el valor del agua quién alguna vez tuvo sed y no encuentrø un pozo donde saciarla.

A veces, cuando puedes hablar con alguien que no lleva en el bolsillo del pantalón el vademécum de las respuestas preestablecidas para defenderse del riesgo de los librepensadores, resulta posible llegar a coincidencias de cómo defender el valor de la libertad frente a quienes la ponen en riesgo, o simplemente no la aman, porque creen que pueden convertirla en un derecho discriminatorio o selectivo.

Lo que ignoran es que en un sistema como el que ellos sueñan sólo son libres los dirigentes, no todos, y sus colaboradores, no todos, hasta que alguno cae en la tentación o comete el error de disentir de la doctrina oficial,  y en ese momento se convierte en un Liu Xiaobo, aunque tratándose de la cuadra de intelectuales de pacotilla en los que pienso, ninguno de ellos daría el nivel.

Ayer leí una frase escrita por José Manuel Ribeiro, sabio filósofo y hábil disfrutón de las pocas cosas buenas que merecen ser conservadas, y se la he robado porque en el fondo habla de la libertad que reside en el alma y la memoria de quienes alguna vez no la tuvimos y la añorábamos.

Dice así : Me podrás quitar la guitarra , pero no lo que he tocado , compadre”.

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