Las bolas de Villar

Este artículo lo escribí el 29 de enero del 2015. Hoy es de actualidad.

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Angel Maria Villar es un vasco de Bilbao y todo lo hace a lo grande, siempre que sea en beneficio de sus propios intereses.
Preside la Federación Española de Fútbol como si fuese su finca y no permite que nadie meta las narices en un lugar en el que no se sabe si alguien mete la mano.

No destacó como futbolista en el Atlhetic Club, salvo por agredir de forma absolutamente antideportiva y grave al Johan Cruyff en un partido contra el Barcelona en el año 1974.

Pero no crean que hoy les hablo de futbol. Simplemente quiero contarles que este personaje, odiado y temido a partes iguales, es noticia porque sigue haciendo de su capa un sayo, no da explicaciones sobre cómo administra las cuentas millonarias de la Federación Española de Fútbol, pone dificultades al trabajo de los auditores externos , llama gilipollas al Presidente de la Liga profesional, Javier Tebas, exige que se cese al Presidente del Consejo Superior de Deporte, Miguel Cardenal y mientras tanto anuncia que enviará un escrito al organismo europeo UEFA, para que le sea retirado el apoyo para pertenecer a los organismos internacionales que le corresponden.

Insisto no estoy hablando de fútbol sino de un comportamiento despótico y supuestamente corrupto en el desarrollo de sus funciones del Presidente de la Federación que lleva ininterrumpidamente esa cargo durante los últimos 23 años en cuyo sillón se ha apalancado.

Las acusaciones por supuestas irregularidades a Angel María Villar son antiguas y siempre quedan en nada, entre otras razones porque los presidentes de los clubes nunca le han retirado su apoyo, ya que se hacen favores mutuamente.
El mundo del futbol sigue siendo una excepción consentida por el poder político y por el Ministerio de Hacienda. Hay deudas impagadas de Clubes y administraciones opacas de sus instituciones.

La Ley obliga al Consejo Superior de Deportes a actuar con la máxima diligencia en la fiscalización del empleo de los recursos económicos, y por eso se invita a la RFEF a que de una vez colabore con los auditores externos, a los que hasta este momento no ha permitido completar su trabajo respecto del ejercicio de 2013, pero la respuesta de Villar se limita a llamar gilipollas al representante del ejecutivo en el mundo del deporte.

Tal vez le insulte porque Villar gana 152,645 euros y Miguel Cardenal no llega a 60.000.

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