Gustos y disgustos

mini

 

Llevo unos cuantos días escribiendo sobre temas de actualidad en nuestro país,  y eso es algo que hacen los periodistas en activo pero no “los plumillas” como yo que años ha  me jubilé de este oficio que me ha dado más alegrías que disgustos, más momentos de pasión que de aburrimiento y más razones para la coherencia que para el postureo.

Pero no puedo evitarlo porque aunque ahora me dedico a la literatura de ficción,  la realidad que nos envuelve como una ola pestilente me impele a escribir sobre lo que no quiero, porque nunca me gustaron los profetas ni tampoco los sabiondos que acaban todas sus frases  con la consabida muletilla de… “ya te lo decía yo”.

Prefiero los mundos que imagino a los que veo a mi alrededor en este suelo patrio, porque las imágenes que están en mi cabeza y en mis dedos cuando tecleo las letras de mi ordenador, aun siendo historias de malos y de no tan buenos, reflejan una cierta categoría humana de los personajes que viven en ellas, porque son coherentes para hacer el bien o el mal.

En cambio cuando alzo mis ojos para ver o escuchar lo que se oye en los sitios donde habitan los indigentes intelectuales, que son los verdaderos  pobres de solemnidad  de nuestro país porque carecen de cualquier vestigio moral,  llego a la conclusión de que tenía razón Milan Kundera cuando escribió “La insoportable levedad del ser”.

La obra del autor checo no trata del asunto al que me refiero  en estas líneas pero  su título refleja perfectamente la inanidad intelectual y moral de los personajes nacionales  que están de moda en estos tiempos.

Es malo para la salud ser un cargo político en nuestro país  porque se está demostrando que personas con una cierta trayectoria profesional y un acreditado prestigio por sus conductas en favor de los derechos humanos y la justicia,  pueden incurrir en contradicciones que desdicen su anterior e inmediato pasado.

No merece la pena someterse a una disciplina de partido si ello conlleva la obligación de repetir consignas absurdas, defender posturas inicuas o sostener mentiras insostenibles. Nunca pensé que diría esto porque siempre he sostenido y mantengo que los partidos políticos son instrumentos imprescindibles para el funcionamiento del sistema democrático, pero estamos viendo comportamientos que hieren y hieden.

No es de recibo que un juez de acreditado prestigio como Grande Marlaska – hoy ministro del interior del doctor Sánchez –  afirme que la manifestación de apoyo a la Guardia Civil en Alsasua no debía haberse celebrado para evitar la  crispación de los filoetarras y los incidentes que previsiblemente se iban a producir.

Extender este argumento a otros ámbitos  llevaría a aconsejar que las mujeres vistan de forma discreta, los gais no celebren el Día del orgullo, los militares eviten llevar uniforme, y que los viejos  no cuenten sus batallitas del pasado, para evitar que alguien que esté en desacuerdo con ellos se cabree.

De Grande Marlaska no me esperaba esto, porque no tiene ninguna necesidad de rebajarse a ese juego sucio dialéctico. 

Para esa guarreria ya tenía el Psoe a Ander Gil, portavoz en el Senado, que dijo lo mismo olvidándose de los socialistas asesinados por ETA.

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