Quien tuvo, retuvo

Otero 2

 

Hace veinte años, cuando yo era Director de Radio Nacional de España quise contratar a Julia Otero, que había sido despedida unos meses antes de Onda Cero, para que condujera el programa  vespertino de la emisora pública.  

La cité en Madrid, mantuvimos un almuerzo en un restaurante, junto con el que por entonces era director general de RTVE, Pío Cabanillas, y allí le expusimos los argumentos profesionales por los que nos parecía un buen fichaje. No ignorábamos cuáles eran sus simpatías políticas alejadas de las tesis del gobierno de aquel momento, pero entendimos que podía hacer un excelente programa que atrajese a un sector de audiencia más de izquierda.

El almuerzo y la sobre mesa se prolongó  varias horas en un ambiente muy agradable y cordial, y ella regresó a Barcelona con el compromiso de pensarse una oferta que en ese momento no le desagradaba, extremo que me confirmo el conductor que la llevó a Barajas que no pudo evitar escuchar la conversación telefónica que ella mantuvo con una persona de su confianza.

Aquel día de hace veinte años Julia Otero estaba espectacularmente atractiva, además de simpática que es una cualidad que añade un  plus a la belleza de las mujeres, Sus ojos, sus labios, su tono de voz y todo lo demás acreditaban su singular capacidad seductora.

Cuento esto porque hace unos días la presentadora nacida en Galicia y criada en Barcelona ha dicho en un programa de televisión que “sigue siendo un mito erótico en toda España” y hay gente que se lo ha tomado a choteo, tal vez porque  confunden  la escasa simpatía que le profesan por sus opiniones políticas con una apreciación personal y legitima expresaba por ella.

Es cierto que quien tuvo retuvo y, a pesar del tango  de Carlos Gardel, veinte después de aquel almuerzo años se nos notan a todos,  pero la Otero tiene legítimo derecho a recordar lo que fue y a poner en valor lo que es, por más que sobre gustos cada uno tenga el suyo.

No todo el mundo puede decir lo mismo que ella  ni reivindicar su pasado de símbolo erótico, porque hay hombres y mujeres que con los años solo son más viejos pero no pierden ese algo indefinido que les ancla en su pasado más provocador.

En un momento en el que demasiados personajes que pueblan escaños políticos o invaden redes sociales son feos de solemnidad, yo reivindico la estética y la belleza de quien sea sin fijarme en sus ideas, porque alegran la  cabeza, el tronco y las extremidades de las personas sensibles e inteligentes.

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