Lógica totalitaria

Es bueno que los políticos tengan complejos, que se avergüencen,  que intenten disimular, incluso que busquen una explicación increíble  a algunas de sus acciones vergonzosas, porque eso significaría que tienen conciencia de haber metido la pata y pretenden justificar sus errores . Con esto no quiero decir que esa actitud mental  frente a los abusos que cometen les exima de ser unos golfos, pero al menos denota que les queda algo de conciencia y en el fondo saben que lo han hecho mal.

Ese eco que les retumba  cada vez que recuerdan la golfería que han cometido no  es suficiente para que no vuelvan a las andadas, pero al menos les incomoda un rato hasta que su moral se convierte en una piedra. Estos tipos y tipas no meceren  estar en la política y en cualquier caso deberían dejar ese digno ejercicio de servicio público en el momento en el que les pillen guarreando  dineros o engaños.

Pero luego están los otros a los que les da lo mismo ocho que ochenta, la Delcy o el portero del puticlub, el recuento mal contado o las mentiras como esencia de informes inexistentes, que para eso disponen de una clá que se coloca de buena mañana con una dosis de odio al disidente y van a por él armados de un diccionario reducido, porque no necesitan demasiadas palabras para condenarle aunque sean incapaces de desmontar sus argumentos.

No tratan de justificar sus mentiras porque  la falacia es solo un instrumento al servicio de un objetivo superior en la secta en la que militan.  La  lógica totalitaria de la que se alimentan recomienda la descalificación y el insulto como paso previo al acoso del que protesta. Saben que la libertad  de expresión es un derecho constitucional que no decae cuando un ciudadano, sea funcionario de carrera o no, opina sobre un asunto grave como es la pandemia, pero el primer grito que se escucha  es “¡A por él!”

Hay demasiada gente que se han apuntado al linchamiento de cualquiera que se atreva a criticar al Presidente del gobierno y me estoy refiriendo a un funcionario de carrera con más de veinte años en las instituciones  comunitarias al que el diario El País le ha publicado un artículo, que muchos hubieran deseado que apareciese en las páginas de la Razón para tener un argumento de peso contra él.

Aunque no sea mi estilo les diré que “me la suda” ese señor y también quienes les critican y piden su fusilamiento simbólico  al amanecer, pero en un país en el que cualquiera puede pedir que cuelguen al Rey y sus hijas, que señalan con el dedo acusador a los oponentes políticos llamándoles golpistas o  que  proponen que algunos edificios sean quemados con sus habituales usuarios dentro, también se le puede llamar inútil, irresponsable y felón al Presidente del Gobierno  y a su segundo en un mismo paquete verbal.

¡Qué tiempos aquellos en los estar permanentemente de guardia para hacerle una mamada al Presidente del gobierno era una indignidad!

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