Él a mí tampoco me gusta

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El Papa Francisco me cae como una coz en el escroto y  tras esta declaración de principios, presento mis disculpas a quienes puedan haberse sentido ofendidos, pero no me apeo de la solemne declaración que acabo de hacer.

Me considero un patriota, aunque vivimos tiempos en los que está muy mal visto  apuntarse a ese epíteto, sobre todo si eres español, porque el resto de los ciudadanos del mundo coinciden en amar y respetar su patria , aunque disientan en todo lo demás,   y  creo que a los míos les asiste el derecho a criticar lo que les venga en gana de este país, pero me toca el trigémino que el señor Bergoglio no desaproveche una ocasión para ponernos a parir como nación y no  nos oculte su antipatía cuando en realidad somos una de las naciones más plurales, solidarias, acogedoras,  receptoras de emigrantes, respetuosas con los derechos humanos, cultas, alegres y tolerantes de las que puede visitar.

A mí me da lo mismo que visite España o que se pasee por otros países en los que se siente más a gusto y se arrodilla para besarle los pies a sus dirigentes religiosos, pero me molesta que  entre sus numerosas varas de medir, elija la más larga cuando habla de nosotros.

Estoy persuadido de que  Francisco debe conocer a un compatriota psicoanalista al que le podría pedir consejo para que le explique por qué trata con tan escaso respeto – aunque en su lenguaje él le llamaría caridad –   los asuntos que tienen que ver con nuestro país, ya que para todas las manías existe una explicación.

Yo creo que los Sumos Pontífices fueron personajes respetados mientras que permanecieron protegidos por el misterio sin apenas salir del Vaticano, pero desde que les dio por viajar y convertirse en personajes mediáticos demostraron que eran humanos y desnudaron sus debilidades.  Conocedores de ese riesgo lo razonable es que fuesen discretos pero, con permiso de mis amigos argentinos, es muy difícil unir a la condición de porteño la cualidad de la austeridad verbal.

Francisco ha dicho que vendrá a esa “cuando haya paz” y  que antes de hacer un viaje a nuestro país “se lo pensará”,  como estuviésemos apestados,  y acaba de nombrar obispo de Tarragona a  Joan Planellas Barnosell, un cura independentista que ha demostrado escasa caridad cristiana con los catalanes que no lo son.

Bergoglio no da puntada sin hilo, ni en esto ni en sus silencios sobre  la represión que ejerce el dictador Maduro en Venezuela, y no le discuto su libertad para continuar así pero yo también ejerzo la mía para expresar mi desconfianza en él.

 

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