No aguantan el porompompero

oriol

 

El patriotismo es un concepto devaluado por la modernidad de nuestros tiempos.

Hoy declararse orgulloso de ser español está mal visto por la gente que no sabe qué es ni sabría a dónde ir si no viviera en estos lares, y cuando yo creía que el reducto  del valor de la patria estaba en el corazón de los nacionalistas, han venido los independentistas arrepentidos para chafarme mi tesis.

Nunca he visto a gente más diletante que un político catalán encarcelado, porque sus convicciones sobre la patria  de esa nueva república que quieren construir, se diluyen en nada cuando se sientan delante de un juez. 

No les importa desdecirse de sus ideales y renunciar a sus principios con tal de no tener que cruzarse por los pasillos de la cárcel con gente de mal vivir, porque ellos proceden de la pata del caballo del Cid que, como todos sabemos, no nació en la localidad burgalesa de Vivar, sino en Palafrugell.

Ahora resulta que si uno comete perjurio y dice que nunca quiso delinquir, los jueces que antes le encarcelaron por sedición y uso indebido de fondos públicos, los sacan de la cárcel porque basta su fingido arrepentimiento y su falsa promesa de abrazar el artículo 155 de la Constitución para que merezcan la confianza de la justicia.

Visto esto no me sorprendería que numerosos presos comunes reclamen que les excarcelen si prometen que aceptan la legitimidad del código penal en virtud del cual fueron enchironados.

La diferencia que existe entre los chorizos con pedigrí y los delincuentes  con acta de diputado estará siempre a favor de los butroneros, porque éstos mantienen la dignidad de su oficio y asumen que el que la hace la paga, porque en el fondo son unos patriotas de su causa.

Esto me recuerda que yo fui un admirador del eslogan ” patria o muerte” que acuñó la revolución cubana porque, aunque a algunos les parezca chusco y dieciochesco, tiene un halo épico muy propio de una época romántica que solo pervive en algunos libros.

Tan es así  que la imagen de aquellos barbudos – que aún no habían demostrado su afición por fusilar a quien les llevase la contraria  – fue abrazada con entusiasmo por la progresía europea. Se les atribuía el mérito de haber derrocado al dictador Fulgencio Batista, de infausta memoria por su indecencia, crueldad y por haber  convertido la isla en el más famoso burdel de los Estados Unidos.

Luego se apalancaron en el poder y aún continúan con sus cárceles ocupadas por los hijos y nietos de los primeros opositores al régimen, pero nadie ha renunciado a lo de dar su vida por esa patria secuestrada.

En cambio en Cataluña los patriotas están enloquecidos o acojonados y en cualquiera de los dos casos con su comportamiento devalúan la causa que dicen defender.

Han pasado de sacar pecho a llorar por las esquinas,  y han desnudado el valor de su  supuesta dignidad al cambiarlo por la cobardía del que no aguanta que un colega de la trena le cante el porompompero.

A mí, si algún día me da por ser patriota, prometo no pedir perdón.

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