Los dolores de Cospedal

Cospedal

 

Cualquier personaje con poder en este país, que haya mantenido una o varias reuniones con el comisario Villajeros corre el riesgo de aparecer cualquier día en los medios de comunicación con sus vergüenzas expuestas al escarnio público.

Tal vez por esa razón el gesto instintivo más habitual de los políticos durante estos días es el de apretar el culo al abrir los periódicos y no relajan el esfínter hasta después de comprobar que su nombre no sale asociado a algún delito, chapuza o irregularidad del pasado cuando creían que les iba a salir gratis mantener relaciones políticamente incestuosas con un policía que ha servido y se ha servido de todos los gobiernos del PP y del PSOE.

Todos conocían cómo trabajaba  ese servidor de la ley y del delito porque los resultados de los encargos que le hacían venían como consecuencia métodos irregulares, y nadie protestó cuando el ministro del Interior socialista Alfredo Pérez Rubalcaba le condecoró  con la medalla al Mérito Policial  con Distintivo Rojo, que conlleva una pensión vitalicia equivalente al 10% del sueldo base, ni tampoco cuando Jorge Fernández Díaz, ministro del interior del PP, le premio con otra condecoración.

Ahora el marrón le ha tocado a María Dolores de Cospear, número dos del PP en la etapa de Mariano Rajoy que, siendo una aficionada en la materia, cayó como una pardilla al intentar jugar a los espías con un personaje amoral.

Hasta aquí he contado los antecedentes y ahora entro en materia de actualidad.

Cospedal, en compañía de su marido que hacia las funciones de colega de su impresentable invitado, recibió en secreto a un policía conocido por hacer trabajos de espionaje no ordenados por un juez, le pidió información sobre Bárcenas y la Gürtel y también sobre su compañero de partido Javier Arenas,  y en la charleta entre colegas le garantizaron que le pagarían ese encargo que no sería barato.

Dicho con otras palabras: le estaban encomendando un trabajo ilegal, sabían que el comisario utilizaría métodos ilegales y le prometieron pagar esos servicios con un dinero que a todas luces, si tenía una procedencia legítima, no podría ser contabilizado por el concepto de “servicios de espionaje”.

Yo en mis columnas de opinión me dedico a contar hechos, a analizarlos y a posicionarme sobre ellos pero no soy tan aficionado como algunos otros a estar todo el día pidiendo dimisiones porque ese es el verbo que peor conjugan los políticos de allí y de acá.

Sin embargo creo que lo peor que puede hacer una persona cuando le han pillado con las manos en la masa o los pantalones en las rodillas es intentar justificar lo injustificable y resistirse como gata panza arriba.

Los dolores de cabeza de María Dolores de Cospedal no han hecho nada más que empezar.

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