Miedo a hablar

Pique

Hay gente que tiene miedo a hablar en Cataluña…y también en el resto de España.

Ante estos casos más que un argumento ofrecen  una disculpa porque cualquiera que tenga una pizca de honradez intelectual no tiene más remedio que reconocer que es humillante  renunciar a expresar libremente sus ideas.

Frente a los que por razones personales o ambientales guardan un prudente silencio están los bocachanclas que son unos incontinentes verbales a los que no les funciona el circuito que va desde las neuronas a la lengua,  y en razón de esa avería se desparraman a diario con frases hechas, tópicos manidos, insultos de serie, eslóganes de folleto y eructos verbales.

Lo cierto es que estos especímenes ofrecen el contrapunto a una sociedad plural en la que  no puede faltar nadie porque si ellos no existieran sería muy difícil escribir sobre el esperpento.

Los que hoy a mí me interesan como objeto de estas reflexiones son aquellos a los que, teniendo cabeza, les falta corazón o lo tienen compungido a causa de la presión ambiental y personal que ejercen sobre ellos los chulos de cada barrio, que aunque son menos que los que callan, están organizados, son violentos y estos días en Cataluña cuentan con la protección y la complicidad de bastantes  mossos de esquadra que, como los monos del santuario de Toshogu en Japón, ni ven, ni oyen, ni hablan.

El silencio lo soportan  los cartujos, y solo a duras penas, porque los seres humanos estamos hechos para hablar, comunicarnos, alegrarnos, cabrearnos y sacar de dentro todo lo bueno y lo malo que tenemos, pero callar ante la injusticia no le hace bien ni siquiera a quien cree que se está protegiendo a sí mismo.

A nadie se le escapa que comprometer su palabra, hablada o escrita, en asuntos que no son banales tiene sus riesgos,  y por eso entiendo los silencios de los que se sienten más amenazados.  Alguien tiene que ponerles voz, que es lo que llevo intentado hacer últimamente en algunos temas que angustian a quienes los padecen.

Para mi resulta más fácil porque estoy lejos de esa presión ambiental, aunque hacer esto me ha costado que alguno que yo creía que era amigo me evite, otros me insulten e incluso anónimamente me amenacen, pero en los tiempos que estamos viviendo eso es algo bastante frecuente.

He empezado a escribir estas líneas después de escuchar a Gèrard Piqué, decir en rueda de prensa que hay temas de los que no quería hablar porque de hacerlo perdería la mitad de sus seguidores  ¡Manda huevos!

Este no es de los que tiene miedo a hablar porque está por el derecho a decidir. Lo hace solo por no perder dinero.

Estoy deseando que acabe todo esto para bien y así volveré a escribir sobre literatura.

 

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