Luis Perezagua no es poca cosa

Fermin pocacosa

 

“Fermín, más conocido por POCACOSA, debido a su desnutrido aspecto, es el décimo de una familia numerosa de ratas y cuyo nacimiento tiene lugar en una librería”

La carencia de la teta nutricia, para él no hay pezón vacante, le lleva a alimentarse de libros y eso da origen a un extraño  desarrollo cerebral en el que adquiere la capacidad lectora.

A través de la literatura se contamina de sentimientos y pasiones humanas que le empujan a una búsqueda incesante del amor y, sobre todo, de la amistad”.    Ramón Ballesteros.

 

 

En la vida casi todo lo he aprendido mirando, que es una forma de observar con ganas de no perder nada de lo que alguien te sugiere, aunque sea sin pretenderlo, porque el que es objeto de tu atención a veces no sabe que existes.

Yo he mirado muchos libros pero sobre todo he reparado en numerosas personas.

He oído cómo suenan sus voces, he visto  cómo brillan sus ojos,  he observado  cómo caminan sus manos, y me he fijado en cómo habla su cuerpo, porque a veces las palabras son un complemento de un lenguaje sin límites, y es suficiente con ver para entender los mensajes que se emiten sin sonido.

Tal vez por eso tengo el privilegio de seguir sorprendiéndome con la belleza y la singularidad de las ideas que nunca se me ocurrieron,  con las palabras que jamás pronuncie,  con los sentimientos que acaso no tuve y con las vidas que no viví.

Este ejercicio de aprender a leer en los demás no es fácil porque malvivimos en unos tiempos en los que la gente prefiere hablar a escuchar,  y con esa manía exhibicionista algunos se pierden el privilegio  de saber quién es el artista que está cerca de ti.

Yo he descubierto personalmente no hace mucho a un singular hombre de las musas y el teatro, aunque su amplia y brillante trayectoria actoral tiempo ha que le situaron entre los cómicos de prestigio de nuestra escena, y digo cómico como expresión genérica cuando podría decir actor dramático, porque su interpretación de la obra “Fermín pocacosa ” que fui a ver hace unos días a la Sala  Azarte de Madrid,  es magistral en ese registro en el que provoca sensaciones que nos hacen pensar.

Se trata de Luis Perezagua, un hombre que ama y hace amar el teatro. Un actor al que la naturaleza le dio una voz, una dicción, una mirada, una expresividad envidiable y una memoria prodigiosa.

En esta obra de teatro, que les aconsejo que vayan a ver y a disfrutar a la sala Azarte de Madrid, Luis  Perezagua desdobla su otro yo y mantiene al público en un silencio de hora y media que explota en aplausos y bravos cuando el actor  traspasa la cuarta pared y agradece emocionado esas muestras de admiración por su trabajo.

Fue una interpretación de una obra, solo reservada a actores de su singular nivel.

Luis Perezagua, vive su pasión por el teatro sin aspavientos y no necesita echar la vista atrás para saber quién es, porque continúa siendo ese  excepcional actor al que el aplauso le conmueve pero la vanidad no le traiciona.

Él se sabe y los demás también conocen su trayectoria, durante la que jamás renunció a sus convicciones, porque siempre prefirió alquilar su tiempo a vender su alma.

 

 

 

 

 

 

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